La cultura chiribaya se desarrolló en el sur del
Perú entre los años 900 y 1350 D.C..
Existió en los valles de Moquegua, al sur del Perú.
Su población se dedicó a la agricultura, la ganadería, la pesca y el comercio.
Tuvieron fuertes relaciones con etnias vecinas como churajón, colla y lupaca, a
quienes abastecían de maiz, pescado, frutas, moluscos y fertilizantes (el guano
de isla). Hacia el año 1350 esta cultura fue anexada al Imperio incaico.
Los Chiribayas constituyeron una sociedad de gran
población esto debido a la gran cantidad de tumbas halladas en la zona de
Algarrobal - Chiribaya alta.
Los restos encontrados por el arqueólogo Don
Humberto Ghersi señalan que la pesca, caza, agricultura y ganadería fueron
actividades productivas importantes. Desarrollaron una agricultura extendida
hasta la zona de Loreto y Carrizal con cultivos de ají, maíz, lúcuma, pacae,
molle, coca, yuca y calabazas.
Dentro de sus manifestaciones culturales sobresalen
su textilería, cerámica. Los tejidos tienen dibujos geométricos y zoomorfos de
color rojo, café y negro. Confeccionaron gorros, chusmas, mantas, camisas y
hondas. La cerámica fue decorada con motivos que se emparentan con diseños
antiplánicos donde sobresalen dibujos geométricos en color ocre, naranja, crema
y rojizo.
Sus casas las construían de caña y barro (quincha)
donde muchos enterraban a sus muertos. Extensos y muy destruídos cementeríos
nos dan una idea de lo grande que debió ser su población y la riqueza y
variedad de sus obras materiales. Tumbas construídas con piedra de forma
rectangular, cuadrangular, circular, con tapas de estera, losas de piedra o
troncos de madera contenían cuerpos momificados de personas a las que se les
enterraba con sus alimentos y parte de la vajilla e instrumentos que utilizaron
en vida, como ser: platos y jarras decoradas, telares, herramientas de tejer,
herramientas de pesca.
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